Sonchus acaulis
Dum. Cours.
Cerraja, Cerrajón, Lechugón, Lechuga de monte, Angoja
Descripción:
Arbusto perenne, de follaje caduco o
subpersistente, dotado de un tallo muy corto, grueso y leñoso, alrededor
del que se forma una gran roseta basal de hasta más de 1 m de diámetro,
de la que surge, en el momento de la floración, un robusto tallo
florífero que puede llegar a medir hasta 1,5 m de alto.
Sus grandes
hojas, de color verde intenso, hasta 60 cm de longitud y 15 cm de ancho,
están divididas en numerosos lóbulos agudos, crispados y finamente
dentados en sus bordes, y tan profundos que casi llegan hasta su grueso
y carnoso nervio central (pinnatifidas); en su envés presentan una fina
y bella reticulación.
El grueso y robusto tallo florífero, de hasta 3
cm de diámetro en su base, hueco, casi sin hojas y ligeramente
recubierto de tomento, sostiene una gran inflorescencia umbeliforme
formada por numerosos capítulos de hasta 5 cm de diámetro, con múltiples
flores estrechamente tubiformes (flósculos) de color amarillo dorado,
asentadas sobre un receptáculo semigloboso rodeado de anchas brácteas
involucrales de color verde oliva, recubiertas de un tomento blanquecino
algodonoso, tanto más denso cuanto más tiernos sean los capítulos.
Al
fructificar producen numerosos y diminutos aquenios, provistos de un
minúsculo vilano blanquecino que facilita su dispersión por medio del
viento.
Toda la planta segrega abundante látex, blanquecino y
pegajoso.

Hábitat: Endemismo canario muy frecuente en riscos y
laderas rocosas de la costa norte de Tenerife y en regiones montañosas
altas de Gran Canaria. En algunas ocasiones crece sobre paredes y
tejados, conviviendo con bejeques (Aeonium spp.), batatillas (Davallia
canariensis) y otras plantas que gustan de habitar en tan
singulares territorios.
Durante el periodo de floración, sus poblaciones
colorean de amarillo grandes extensiones de nuestros montes, alegrando
con su viveza el frío paisaje invernal.
Floración: Invierno y primavera, normalmente entre los meses de enero y mayo.
Reproducción:
Por semillas.
Usos: Como casi todas las especies de su amplio
género, los campesinos canarios la emplean frecuentemente como forraje
para cabras y conejos.
En tiempos pasados, de gran penuria en las
Islas Canarias, los campesinos "mataban la jiloria" (aplacar el hambre) comiendo sus brotes
tiernos en potajes y ensaladas, después de haberlos macerado en agua
durante algún tiempo para quitarles su amargor.
Se puede emplear como
especie ornamental, especialmente atractiva por sus llamativas
inflorescencias. Su cultivo es muy fácil, pues apenas requiere cuidados
y se adapta bien a casi todo tipo de suelos, siendo muy
adecuada para grandes jardines de rocalla. Su capacidad para adornar
rotondas y márgenes de vías de comunicación no ha sido casi utilizada
hasta el momento.