Chasmanthe aethiopica
L.
Lirio silvestre, Lirio africano, Crestagallo de El Cabo
Originaria de Sudáfrica, esta especie es muy conocida por sus altas
hojas en forma de espada, y sus llamativas flores tubulares de color
rojizo anaranjado, que se desarrollan en un elegante tallo florífero y
se pueden contemplar desde finales de invierno hasta bien entrada la
primavera.
Se trata de una planta herbácea perenne de hasta más de
1,5 m de alto, dotada de un pequeño bulbo blanquecino del que brotan
anualmente los tallos nuevos, erectos, carnosos y muy juntos.
Sus
hojas, erguidas y de color verde intenso, se disponen en torno a la base
del tallo, formando una especie de abanico aplanado y casi cerrado. Su
lámina, de hasta 50 cm de largo y 5 cm de ancho, es lisa, puntiaguda y
con nerviación paralela muy marcada, de forma que recuerda a una espada.

Sus llamativas flores, de color rojo escarlata o anaranjado, crecen en
espigas casi simétricas, sobre un largo tallo floral, simple o poco
ramificado, que surge de entre la última hoja, rompiendo el ápice de la
misma.
Cada flor, de hasta más de 5 cm de largo, forma un largo tubo
ligeramente arqueado hacia abajo y con el labio superior en forma de
caperuza. En su interior se aprecian claramente tres larguísimos
estambres, con las anteras de color marrón oscuro.
Los frutos son
grandes cápsulas de color verde rojizo y hasta 2 cm de diámetro,
interiormente divididas en varios tabiques, que terminan abriéndose para
dejar caer sus pequeñas, duras y brillantes semillas rojizo anaranjadas.
La floración se produce generalmente entre los meses de noviembre y
marzo. Sus semillas son consumidas por pájaros, lo que contribuye a la
polinización y expansión de esta planta.
Se reproduce por semillas y
bulbos. Los bulbos se plantan en otoño, en un lugar soleado y bien
drenado, enterrándolos a unos 5-10 cm de profundidad, con el lado
puntiagudo hacia arriba.
Esta especie procede de la región del Cabo
de Buena Esperanza, desde Darling hasta Kentani, en el extremo sur de
África, donde habita en matorrales costeros y linderos de bosque,
principalmente en suelos arcillosos.
Desde allí se ha ido extendiendo a
numerosas zonas cálidas de todo el mundo, como Nueva Zelanda, Australia,
Tasmania, Argentina, Estados Unidos o el sur de Europa. En muchos de
estos lugares se ha llegado a naturalizar de tal forma que se ha
convertido en una especie invasora de la vegetación autóctona.