En las Islas Canarias se introdujo como especie ornamental en el siglo XIX, pero posteriormente se ha ido asilvestrando, convirtiéndose en la actualidad en una mala hierba que, especialmente abundante en años lluviosos, se puede observar en márgenes de caminos y carreteras, zonas ruderales y bordes de bosques de pinos, etc.
En algunos países se utiliza como especie ornamental, ya sea en macetas, en jardines de rocalla, o en grandes grupos formando borduras o parterres. Debe sembrarse al inicio de la primavera, directamente en el lugar definitivo, sobre suelos bien drenados y expuestos al sol, y regarse con moderación.

De la especie original se han ido obteniendo diferentes cultivares, que producen flores dobles o semidobles, y en una variada gama de colores que incluye el crema, rosa, carmesí, lila o púrpura.
Esta planta contiene numerosos alcaloides, como protoberberinas, pavinas, protopina o benzofenatridinas, que le confiere propiedades sedantes, hipnóticas, antineoplásicas, espasmolíticas, vasodilatadoras, antihipertensivas, antibacterianas, antifúngicas, antiinflamatorias, anestésicas, etc.
De modo tradicional, la infusión de sus hojas y pétalos, recolectados durante la floración y desecados a la sombra, se usaba como sedante, somnífero y antiespasmódico. Al parecer los nativos americanos usaban esta amapola para aliviar el dolor de muelas, provocar el vómito, inducir el sueño en los niños, o eliminar los piojos.

 < Anterior   Siguiente >