Es una planta muy vigorosa y de rápido crecimiento, que se desarrolla bien a pleno sol, en suelos profundos, preferiblemente ácidos o neutros, bien drenados y con alta presencia de materia orgánica. Debe ser regada con regularidad, especialmente en los meses más secos y calurosos.
Se puede plantar en macetas situadas al exterior, o ejemplares solitarios en el jardín, pero su uso más extendido es para la formación de espectaculares setos.
Debe podarse a finales de invierno, recortando los tallos del año anterior para estimular la floración, y eliminar las ramas secas o demasiado grandes, así como los brotes que pueden salir alrededor del tallo.
Necesita un soporte adecuado para crecer erguida, ya sea arrimándola a una pared o sujetándola en estructuras adecuadas para enredaderas.

En la medicina tradicional se emplea la infusión o decocción de sus hojas como emético y purgante. Al parecer, los indígenas americanos usaban esta planta para combatir los parásitos intestinales.
Algunos estudios científicos han demostrado que contiene algunos elementos químicos que pueden favorecer la regeneración y cicatrización de heridas, rebajar la tensión arterial, y actuar frente a algunos tumores.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que se trata de una especie venenosa, pues contiene algunas toxinas que afectan primordialmente al sistema digestivo causando vómitos y diarrea, e igualmente malestar general persistente, por lo que no debe ingerirse ninguna parte de esta planta.
Y el contacto con su látex puede causar reacciones alérgicas, dermatitis y quemaduras en la piel.

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