Esta especie es nativa de toda la cuenca mediterránea: Europa, Asia menor y norte de África. Naturalizada en muchas partes del mundo: norte de Europa, América, Hawái, Australia, Azores.
En algunos lugares, como California, Irlanda, Sudáfrica o Madeira, se ha convertido en una especie invasora que impide o dificulta la regeneración de las especies endémicas o nativas.
En el archipiélago canario se introdujo hace mucho tiempo como planta ornamental, pero se encuentra asilvestrada en numerosos lugares: bordes de caminos y carreteras, cercanías de viviendas, huertas abandonadas, etc., de la zona baja y media, tanto en lugares bien soleados como en otros más húmedos y algo sombríos.

El uso ornamental de esta planta es muy antiguo, teniéndose constancia del mismo desde la Edad Media. Se adapta bien a diferentes tipos de suelos, aunque los prefiere arenosos o pedregosos, siempre que estén bien drenados. Requiere exposición a pleno sol o de semisombra, temperaturas medias, y regar solamente cuando veamos que el sustrato está seco.
No necesita poda ni abonos, y puede sembrarse tanto en macetas situadas en terrazas o ventanas, como en jardines formando grupos o bordes mixtos. Mezclando ejemplares con floración de distinto color se logran composiciones muy llamativas.
Su rizoma contiene sustancias que producen un efecto depresivo sobre el sistema nervioso semejante al de la raíz de la valeriana común, por lo que se ha utilizado como sedante y relajante en personas nerviosas.
En algunos lugares de Europa se consumen sus hojas en ensaladas, aliñadas con vinagre y aceite.

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