Ficus auriculata
Lour.
Higuera del Himalaya
Arbolito siempreverde o caducifolio, dependiendo del clima, de unos 4-8
m de altura, con tronco corto, recto, erguido, no muy grueso, revestido
de una corteza de color gris pardusco, con abundante
ramificación que forma una copa expandida, algo aparasolada.
Las
ramas jóvenes son delgadas, de color castaño rojizo, glabras o
pubescentes, y con las hojas agrupadas en su porción terminal.
Las
hojas son grandes, de unos 10-40 cm de largo y 8-30 cm de ancho,
simples, alternas, gruesa y largamente pecioladas, con lámina algo
coriácea de color verde oscuro, entre ovada y acorazonada, con margen
irregular y ligeramente dentado, agudas o brevemente acuminadas en el
ápice, glabras en el haz, y pubescentes y con nerviación muy destacada
en el envés.
Las hojas jóvenes son de color rojizo o marrón oscuro.

Las inflorescencias, conocidas vulgarmente con el nombre de higos,
consisten en una cavidad de paredes carnosas que encierra enteramente a
las flores, con una pequeña apertura apical cerrada por minúsculas
escamas, denominada sicono, y que se desarrollan directamente sobre el
tronco y las ramas de la planta, normalmente formando racimos densos y
numerosos.
Miden entre 4-8 cm de diámetro, y tienen forma de pera
achatada, sostenida por un pedúnculo pubescente, y con 8-12 costillas
longitudinales, ligeramente pubescentes al principio y glabrescentes
cuando maduran, siendo al principio de color verde, que se va volviendo castaño
rojizo o anaranjado, y con manchas amarillas, al madurar.
Es una planta dioica, es decir que unos ejemplares producen flores sólo
masculinas, y otros sólo flores femeninas, por lo que es necesario la
presencia de algún tipo de avispa asociada a esta especie para que se
produzca la polinización cruzada.
Los higos permanecen unidos a las
ramas durante mucho tiempo, y su interior es suculento, albergando
numerosas semillas diminutas cuando están maduros.
Para que los
ejemplares comiencen a producir frutos suelen pasar entre tres y cinco
años.