En el archipiélago canario es habitual encontrar ejemplares cultivados o semiasilvestrados en las cercanías de viviendas antiguas o abandonadas, pues era una especie ornamental frecuente en épocas pasadas, que se cree fue introducida en Canarias a lo largo del siglo XIX.
En estado natural muestra preferencia por lugares húmedos y algo sombríos de las zonas baja y media de las Islas, eligiendo para su asentamiento bordes de caminos y carreteras, cultivos abandonados, escombreras, laderas pedregosas, etc.
Es una planta con unas excelentes cualidades ornamentales. Su crecimiento es rápido, y puede cultivarse en jardines o en macetas de gran tamaño, necesitando riego moderado, exposición semisoleada y podas drásticas a ras del suelo después de la floración.
Es muy adecuada para jardines sombríos, y para cubrir grandes extensiones debido a su sistema radicular.

Sus espigas son bonitas como flor cortada; también son recomendables para elaborar ramos secos, que duran largo tiempo sin marchitarse.
Desde la Antigüedad se le atribuyen numerosas virtudes medicinales: la decocción de sus raíces secas es diurética, astringente y alivia las inflamaciones de garganta; la infusión de las hojas se emplea como astringente, colerético y expectorante; en cocimiento sirven para realizar lavados depurativos de la piel y cicatrizar heridas.
Sus semillas, molidas y maceradas en alcohol, se aconsejan para regular las menstruaciones; y emplastos de sus raíces bien machacadas sanan y cicatrizan pequeñas quemaduras externas.

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