Desde hace algún tiempo se ha extendido su cultivo en las costas mediterráneas por su fácil adaptación a sus condiciones climáticas, siendo muy adecuada para jardines de zonas secas y bien soleadas.
Su cuidado es fácil, pues es una planta muy rústica y resistente, poco exigente en cuanto a suelo y riego, soportando bien la sequía, el viento y la contaminación.
Pero hay que tener mucha precaución al manipularla, para no pincharse con las aguzadas espinas terminales de sus hojas.

Los frutos semejan pequeños plátanos y son comestibles, aunque en Europa es muy raro llegar a verlos, ya que sus flores son polinizadas por una mosca que no existe en este continente.
En sus regiones de origen, los indígenas usaban la fibra obtenida de sus hojas para fabricar cuerdas, cestas y otros utensilios domésticos.
Y en la actualidad se cultiva de modo extensivo en algunos países para usar esas fibras en la industria textil.
En algunas regiones de Sudamérica se planta en hileras para construir cercas, casi impenetrables por la densidad, rigidez y terminación agresivamente espinosa de sus hojas.
El extracto de sus hojas se usa en la fabricación de cremas destinadas a la protección de la piel.

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