En jardinería es apreciada por su gran tamaño, elegante porte y espectacular floración. Además es una planta fácil de cultivar, que se desarrolla bien a pleno sol, en tierra fresca y con buena materia orgánica, necesitando frecuente riego, aunque soporta periodos cortos de sequía.
De la especie original se han derivado numerosas variedades que hoy se cultivan en el mundo entero, siendo una de las más famosas la llamada nigra, que produce flores de color violeta oscuro, con tintes casi negros.
Las hojas y los brotes tiernos, crudos o cocinados, tienen un sabor dulce y se pueden consumir como verduras o en ensaladas. También se utilizan para elaborar cocidos, aunque por su textura no son muy apreciadas.

Sus flores proporcionan pigmentos rojizos empleados desde muy antiguo para colorear medicamentos y cosméticos, así como para teñir lanas. Y en algunos lugares también se usaban para dar color al vino.
Sus hojas y flores secas poseen numerosas virtudes curativas, empleándose en el tratamiento de muchas enfermedades: tos, catarros, asma, inflamaciones crónicas del estómago, estreñimiento, irritaciones de garganta, sequedad y úlceras de la piel, etc.
Y cataplasmas de sus hojas, a veces mezcladas con manteca y aceite, se usaban para tratar las almorranas, resolver tumores y mejorar de afecciones oculares.

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